Amor sin amor
¿Se puede amar sin estar ni haber estado enamorado? ¿puedes querer compartir tu vida con alguien sin estar ni haber estado enamorado de esa persona? ¿se puede prescindir del enamoramiento?
Sí, se puede. Sí a todo. Pero... ¿qué sensación te produce eso? ¿no te da pena, tristeza? ¿no te deja una sensación sucia y molesta de estarte perdiendo algo, algo importante, algo que de verdad vale la pena?
Yo... yo le cogería por la pechera y... le sacudiría, como pretendiendo despertarle de ese convencimiento, casi gritaría tratando de hacerle ver que puede haber algo más, que debe haber algo más.
Pero yo soy la sacudida, yo soy la que recibe el aprendizaje, o eso me dicen, de que nada de eso es necesario, casi casi ni deseable. Basta con otras cosas, muchas otras (o quizá no tantas), pero no ésa, ésa es prescindible, en absoluto envidiable, prácticamente un elemento a evitar.
Pues vale señores, pues tendrán ustedes razón. Voy a guardar en el fondo del armario el libro de Goleman junto con todos mis pensamientos y teorías acerca del amor y de las relaciones humanas, acerca de la intensidad de las cosas, de los sentimientos, y porqué no de todo lo demás, la intensidad de una mañana de verano con el sol cegándote, la intensidad de un abrazo que te eriza la piel o de una canción que te hace llorar.
Vamos a ser prácticos, vamos a vivir una vida traquila, vamos a buscarnos el pan y a dejar que pasen los días, los años, la vida. Que para emociones fuertes ya están las montañas rusas o el alpinismo.
Y digo que sí, que vale, que tendrán razón. Pero sigo deseando lo mismo, cogerle por la pechera y...
Da igual, no cambiaría nada. Él seguiría con esa chica que es tan buena gente y que tan bien se porta con él, aunque sepa a ciencia cierta que no ha estado ni va a estar nunca enamorado de ella.
Y a él le vale. Y a mí me da pena.



















