15 de diciembre de 2011

El más gris que nunca lo es tanto

Siempre me estoy quejando de que viajo poco o, para ser más exactos, de que viajo menos de lo que me gustaría. Y siempre, siempre, me siento obligada a aprovechar la más mínima ocasión para hacer una escapada "por si luego no podemos", "porque el año que viene igual no tengo vacaciones", "porque trabajando es más difícil cuadrar los días", "porque quién sabe si...". En fin, que cualquier excusa es buena. Pero... no, no, que conste en acta que no son excusas eh? que son temores reales, infundados como demuestra el paso de los últimos años, pero reales en mi cabecita absurda y temerosa de falta de viajes xD.

Este año iba a ser el más gris (con diferencia) de los últimos, por aquello de volver al duro redil de las cutresustituciones, era de esperar que incluso más cutres esta vez gracias a la ya afamada crisis. Así que... sí, el año pasado, por si acaso, me desquité ;p

Pero, como sucede casi siempre, tú piensas lo que te da la gana, y luego la vida transcurre por donde le da la gana a ella, que al final es la que manda.
Es decir, las cutresustituciones no fueron en absoluto cutres y apenas duraron mes y medio. La estabilidad llegó vista y no vista, y... las vacaciones, casi impuestas, pero también. Resultado, ya sabeis: "hay que aprovechar estos días, que luego nunca se sabe!!".
Y esto, traducido en datos objetivos...:
Unas cuantas escapadas nacionales, que ya se echaban de menos esos laaaargos viajes en coche de música, bocadillos y animada conversación: Gerona de arriba a abajo, Alicante, Galicia, Cuenca...
Una deliciosa semana en la vecina Portugal, que tan gratamente nos sorprendió, con su comida, sus gentes, sus tranvías y sus calles empedradas, que te transportan a algún lugar de antaño, cálido y confortable, y te obligan a decir eso de "¡tenemos que volver!".
Y la magia de la improvisación que esta vez, y acertadamente, nos llevó a México, de donde aún conservo sensaciones y sabores en la piel: relax y disfrute en uno de los mejores hoteles de la zona, cenas inolvidables a la altura del hotel, y muchos lugares que ver y recorrer libremente en coche, ruinas mayas, buceo con tortugas y enormes bancos de peces, cenotes increíbles, y la variada fauna local amenizándonos la estancia: las iguanas que tomaban el sol a mi lado, los mapaches que cenaban con nosotros en la playa y se querían comer mi pan, los coatíes con los que compartíamos el paseo hasta el desayuno, los flamencos que nos saludaban al entrar, los cocodrilos dormilones a los que no les gustaban las piedras, los pececitos que nos limpiaban la piel en los cenotes... Y... no sigo porque en algún momento tendré que terminar este post no?

Miro atrás y me río de mí misma... ¡todos los años lo mismo! Y por si el que viene amenazase con volverse gris, habrá que empezarlo con una buena escapada a dos ciudades enigmáticas y con mucho embrujo: Córdoba y Granada ya nos están esperando, ansiosas por desvelarnos sus secretos más íntimos en las oscuras callejuelas de enero.

2 de abril de 2011

Veinteañera

Dentro de dos horas dejaré de ser veinteañera. Dos horitas nada más. ¿Y luego qué?
Pues... no lo sé. Por más que lo intente uno nunca sabe lo que viene después. Unos dicen que esto, otros que aquello, pero nadie puede saber a ciencia cierta lo que pasará.

Sí, pasará algo. Que dejaré de ser veinteañera para ser treintañera. Pero lo que significa eso, si es que significa algo, nadie lo sabe.
La garantía ya me advirtieron que se acababa a los veinticinco, así que por ahí no va la cosa.

De momento y por si acaso, voy a decir muuuuchas veces algo que sin duda ya no voy a poder volver a decir:
«Soy una veinteañera! Soy una veinteañera!»

(From my new Samsung, trabajando at night y felizzz! xD).

9 de febrero de 2011

Etcétera

"–Eres estupenda. ¿Sabes? Tú deberías ser la escritora.
–No, jamás, no podría.
–¿Por qué no?
–Me falta maldad, no soy bastante agresiva, implacable, caprichosa, maligna, infantil, etcétera. Tengo escrúpulos.
–Quizá tampoco tú seas tan agradable como pareces.
–Me temo que lo soy. Es grotesco, pero soy inglesa y todavía mejor de lo que parezco."

Bueno, esto dentro de un contexto, tiene, digamos, aún más significado. Pero en este caso será suficiente. Y por cierto, no, él no tenía escrúpulos. Y respecto a ella... bueno, tampoco viene al caso, dejémoslo ahí.
¡Al hilo! Y digo yo...

¿De verdad hace falta ser todo eso para escribir? ¿No basta con que logres que lo sean tus personajes? (o... alguno de ellos al menos...)
¿No puedes simplemente imaginar que eres todo eso durante un ratito, pongamos, por ejemplo, el rato que permaneces delante de la hoja en blanco que va dejando de estarlo? ¿No sería ésa suficiente maldad, agresividad, malignidad, infantilismo, falta de escrúpulos, etcétera?

Ainss, qué mala opinión tiene el pobre Philip de sí mismo y de sus colegas de profesión...
:)

Engaño- Philip Roth

4 de febrero de 2011

2036

Hay libros que son la hostia. No sólo por lo que le tuvo que pasar por la cabeza al autor al idearlos, sino sobre todo por lo que pretenden transmitir.
Éste es uno de esos libros que te dejan pensando, que te hacen darle vueltas a la cabeza, ejercitarte en el doblepensar, es decir, llega a conseguir con sus “supuestos” argumentos que te contradigas a ti mismo, que acabes creyendo en lo contrario de lo que creías en un principio, y al instante siguiente te vuelva la “cordura”, y vuelta otra vez y…

Bueno, no, supongo que no, supongo que siempre piensas como piensas, que eso no cambia. Pero sí te hace plantearte cosas sobre lo cierto y lo ficticio, lo bueno y lo malo, lo real y lo irreal, lo deseable y lo que no lo es.

“El que controla el pasado controla también el futuro. El que controla el presente controla el pasado. Y, sin embargo, el pasado, alterable por su misma naturaleza, nunca había sido alterado. Todo lo que ahora era verdad había sido verdad eternamente y lo seguiría siendo. Era muy sencillo. No único que se necesitaba era una interminable serie de victorias que cada persona debía lograr sobre su propia memoria. A esto le llamaban “control de la realidad”. Pero en neolengua había una palabra especial para ello: doblepensar.”

“¿Y si el pasado y el mundo exterior sólo existen en nuestra mente y, siendo la mente controlable, también puede controlarse el pasado y lo que llamamos la realidad?”

“-Pero ¿cómo van ustedes a evitar que la gente recuerde lo que ha pasado? Es un acto involuntario. No puede uno evitarlo. ¿Cómo vais a controlar la memoria? ¡La mía no la habéis controlado!
-Al contrario, eres tú el que no la ha controlado y por eso estás aquí. Te han traído porque te han faltado humildad y autodisciplina. No has querido realizar el acto de sumisión que es el precio de la cordura. Has preferido ser un loco, una minoría de uno solo. Convéncete, Winston; solamente el espíritu disciplinado puede ver la realidad. Crees que la realidad es algo objetivo, externo, que existe por derecho propio. Cuando te engañas a ti mismo pensando que ves algo, das por cierto que todos los demás están viendo lo mismo que tú. Pero te aseguro, Winston, que la realidad no es externa. La realidad existe en la mente humana y en ningún otro sitio.”

Y para terminar un párrafo, con el que supongo que es fácil identificarse. En resumen viene siendo lo que dice Carlos Ruiz Zafón, que “los libros son como espejos: sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro”.

“El libro le fascinaba o, más exactamente, lo tranquilizaba. En cierto sentido, no le enseñaba nada nuevo, pero esto era una parte de su encanto. Decía lo que el propio Winston podía haber dicho, si le hubiera sido posible ordenar sus propios pensamientos y darles una clara expresión. Este libro era el producto de una mente semejante a la suya, pero mucho más poderosa, más sistemática y libre de temores. Pensó Winston que los mejores libros son los que nos dicen lo que ya sabemos.”

1984- George Orwell

25 de enero de 2011

Here be the monsters

Es intenso este Martin. Desde luego no puede decirse lo contrario. Ojalá en la Casa de los Encuentros hubiese sucedido algo realmente, algo drástico, cruel, dramático, horrible, lo que sea, pero algo que no fuese únicamente palabrería, que me hubiera hecho olvidar lo que ya sabéis, que los libros de guerras y batallas y esclavos no me van demasiado, no al menos si no van acompañadas de una buena historia personal detrás.

"El aburrimiento, a estas alturas, ha perdido toda asociación con la mera lasitud e insipidez. El aburrimiento ya no es la ausencia de emoción; es en sí mismo una emoción, y una emoción violenta. Un berrinche mudo de tedio."

"Cuando eres viejo, los ruidos te llegan como un dolor. El frío te llega como un dolor. Cuando salga a cubierta esta noche, cosa que pienso hacer, la nieve húmeda me llegará en forma de dolor. No era así cuando era joven. El despertar: eso sí dolía, y a medida que pasaban los días dolía más y más. Pero el frío no dolía. (Por cierto, trata de gritar y maldecir más arriba del Círculo Polar Ártico, en invierno: las lágrimas se te hielan al momento, y hasta las obscenidades se vuelven gotitas de hielo y caen con un tintineo a tus pies.) Te debilitaba, te minaba profundamente, pero no te llegaba en forma de dolor. Respondía a algo. Era como un reflector haciendo un barrido por el universo de nuestro odio."

Y, por último, un aprendizaje que me ha gustado a modo de nota del traductor (gracias, Jesús ;):

"Here be the monsters (literalmente "que aquí estén los monstruos"): leyenda en ciertos mapas náuticos antiguos que indicaba dónde empezaba lo desconocido (zona a menudo ilustrada con dibujos de monstruos)".

La Casa de los Encuentros- Martin Amis

22 de enero de 2011

¿Qué está pasando?

No me gustan los libros referentes al nazismo, ni las novelas históricas, ni aquellas ambientadas en épocas de guerras. Por eso no tengo muy claro qué está pasando aquí.
Ni El niño con el pijama de rayas (en fin, a veces hay que dejarse llevar por las masas) ni La ladrona de libros (ni siquiera sabía de qué iba cuando lo cogí de la biblioteca) me gustaron demasiado. Y... ahora...

Y ahora esto.

Ejemm...

Ayer leí, plenamente consciente de lo que hacía, Paradero desconocido, de Kressmann Taylor, escrito y ambientado justo al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Bien, si quisiera quitarle hierro al asunto podría esgrimir que es muy cortito (exageradamente breve diría yo) o mi debilidad por el género epistolar. Pero no, no es eso.

Porque hoy, de nuevo plenamente consciente de lo que hacía, he empezado La casa de los encuentros, de Martin Amis, una novela ambientada en un campo de esclavos de la Unión Soviética justo al término de la Segunda Guerra Mundial.

El primero me ha gustado mucho, y el segundo tiene visos de seguir el mismo camino.

Pero, bueno camaradas, tampoco nos alarmemos. El cambio no ha sido tan radical.... En realidad siguen sin interesarme demasiado estos temas: reconozco que lo que busco es únicamente la historia que se esconde detrás.

Pero, aún así, no puedo dejar de sorprenderme a mí misma.
¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Ismail Kadare? (mmm... sí, más o menos... xD )
El día menos pensado me veo... ¡pidiéndole al Niño sus libros de Antony Beevor!
¿¿Qué ha sido de mis japos, de las novelas románticas, del realismo mágico murakamiano y de las reflexiones sobre los mundos interiores de Márai??

¡¡Aaaarrgghhh...!!

xD.