25 de enero de 2011

Here be the monsters

Es intenso este Martin. Desde luego no puede decirse lo contrario. Ojalá en la Casa de los Encuentros hubiese sucedido algo realmente, algo drástico, cruel, dramático, horrible, lo que sea, pero algo que no fuese únicamente palabrería, que me hubiera hecho olvidar lo que ya sabéis, que los libros de guerras y batallas y esclavos no me van demasiado, no al menos si no van acompañadas de una buena historia personal detrás.

"El aburrimiento, a estas alturas, ha perdido toda asociación con la mera lasitud e insipidez. El aburrimiento ya no es la ausencia de emoción; es en sí mismo una emoción, y una emoción violenta. Un berrinche mudo de tedio."

"Cuando eres viejo, los ruidos te llegan como un dolor. El frío te llega como un dolor. Cuando salga a cubierta esta noche, cosa que pienso hacer, la nieve húmeda me llegará en forma de dolor. No era así cuando era joven. El despertar: eso sí dolía, y a medida que pasaban los días dolía más y más. Pero el frío no dolía. (Por cierto, trata de gritar y maldecir más arriba del Círculo Polar Ártico, en invierno: las lágrimas se te hielan al momento, y hasta las obscenidades se vuelven gotitas de hielo y caen con un tintineo a tus pies.) Te debilitaba, te minaba profundamente, pero no te llegaba en forma de dolor. Respondía a algo. Era como un reflector haciendo un barrido por el universo de nuestro odio."

Y, por último, un aprendizaje que me ha gustado a modo de nota del traductor (gracias, Jesús ;):

"Here be the monsters (literalmente "que aquí estén los monstruos"): leyenda en ciertos mapas náuticos antiguos que indicaba dónde empezaba lo desconocido (zona a menudo ilustrada con dibujos de monstruos)".

La Casa de los Encuentros- Martin Amis

22 de enero de 2011

¿Qué está pasando?

No me gustan los libros referentes al nazismo, ni las novelas históricas, ni aquellas ambientadas en épocas de guerras. Por eso no tengo muy claro qué está pasando aquí.
Ni El niño con el pijama de rayas (en fin, a veces hay que dejarse llevar por las masas) ni La ladrona de libros (ni siquiera sabía de qué iba cuando lo cogí de la biblioteca) me gustaron demasiado. Y... ahora...

Y ahora esto.

Ejemm...

Ayer leí, plenamente consciente de lo que hacía, Paradero desconocido, de Kressmann Taylor, escrito y ambientado justo al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Bien, si quisiera quitarle hierro al asunto podría esgrimir que es muy cortito (exageradamente breve diría yo) o mi debilidad por el género epistolar. Pero no, no es eso.

Porque hoy, de nuevo plenamente consciente de lo que hacía, he empezado La casa de los encuentros, de Martin Amis, una novela ambientada en un campo de esclavos de la Unión Soviética justo al término de la Segunda Guerra Mundial.

El primero me ha gustado mucho, y el segundo tiene visos de seguir el mismo camino.

Pero, bueno camaradas, tampoco nos alarmemos. El cambio no ha sido tan radical.... En realidad siguen sin interesarme demasiado estos temas: reconozco que lo que busco es únicamente la historia que se esconde detrás.

Pero, aún así, no puedo dejar de sorprenderme a mí misma.
¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Ismail Kadare? (mmm... sí, más o menos... xD )
El día menos pensado me veo... ¡pidiéndole al Niño sus libros de Antony Beevor!
¿¿Qué ha sido de mis japos, de las novelas románticas, del realismo mágico murakamiano y de las reflexiones sobre los mundos interiores de Márai??

¡¡Aaaarrgghhh...!!

xD.