25 de enero de 2011

Here be the monsters

Es intenso este Martin. Desde luego no puede decirse lo contrario. Ojalá en la Casa de los Encuentros hubiese sucedido algo realmente, algo drástico, cruel, dramático, horrible, lo que sea, pero algo que no fuese únicamente palabrería, que me hubiera hecho olvidar lo que ya sabéis, que los libros de guerras y batallas y esclavos no me van demasiado, no al menos si no van acompañadas de una buena historia personal detrás.

"El aburrimiento, a estas alturas, ha perdido toda asociación con la mera lasitud e insipidez. El aburrimiento ya no es la ausencia de emoción; es en sí mismo una emoción, y una emoción violenta. Un berrinche mudo de tedio."

"Cuando eres viejo, los ruidos te llegan como un dolor. El frío te llega como un dolor. Cuando salga a cubierta esta noche, cosa que pienso hacer, la nieve húmeda me llegará en forma de dolor. No era así cuando era joven. El despertar: eso sí dolía, y a medida que pasaban los días dolía más y más. Pero el frío no dolía. (Por cierto, trata de gritar y maldecir más arriba del Círculo Polar Ártico, en invierno: las lágrimas se te hielan al momento, y hasta las obscenidades se vuelven gotitas de hielo y caen con un tintineo a tus pies.) Te debilitaba, te minaba profundamente, pero no te llegaba en forma de dolor. Respondía a algo. Era como un reflector haciendo un barrido por el universo de nuestro odio."

Y, por último, un aprendizaje que me ha gustado a modo de nota del traductor (gracias, Jesús ;):

"Here be the monsters (literalmente "que aquí estén los monstruos"): leyenda en ciertos mapas náuticos antiguos que indicaba dónde empezaba lo desconocido (zona a menudo ilustrada con dibujos de monstruos)".

La Casa de los Encuentros- Martin Amis

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