22 de mayo de 2012

En construcción

He cambiado temporalmente de trabajo. He dejado la planta, a mis pacientes y a mis compañeras, por algo mucho más creativo y estimulante.
Es un trabajo de esos de 24 horas al día, siete días a la semana. Ya lo sé, sí, así a simple vista puede parecer explotación, pero de verdad que no me quejo, es que me gusta taanto, pero taaaanto, que si el día tuviera más horas las dedicaría también a trabajar.
Quién lo iba a pensar, una enfermera convencida como yo dejando a un lado la enfermería por... por...
Por hacerme constructora. Sí, sí, constructora, ya está, ya lo he dicho.
Os cuento un poco el proyecto que tengo entre manos, sí?

Cuarenta dedos. Cuatro manos, cuatro pies. Decenas y decenas de vértebras. Dos cerebros con miles de neuronas. Cuatro ojos con sus correspondientes cejas y pestañas. Trescientos latidos por minuto a repartir entre dos diminutos pero potentes corazones. Un par de lenguas con montones de papilas gustativas que, por supuesto, prefieren el dulce al amargo (digamos que tienen a quien salir...). Cuatro riñones trabajando ya a pleno rendimiento. Cuarenta uñas, infinidad de minúsculos pelos. Muuuuchos huesos, cartílagos, músculos, venas y arterias, cada uno específicamente diseñado para una función, y todos ellos en el lugar correcto trabajando sin descanso. La energía necesaria para saltar, brincar, nadar y empujarse veinticuatro horas al día, y por supuesto para saludar con la mano a cámara cuando se les apunta con el ultrasonido.

Todo eso, todo, sale de mi cuerpo. Un trabajo a jornada completa como veis.
He tenido que hacerme con litro y medio más de sangre para poder cubrir con holgura toda la zona de trabajo, y la partida presupuestaria dedicada a la provisión y almacenamiento alimentario ha tenido que verse ligeramente incrementada, pero, por lo demás, tengo el proyecto bajo control. Todo marcha según lo previsto ¡y avanzando a pasos agigantados!

Supongo que antes o después volveré a la enfermería, pero por ahora esto de la construcción es el mejor trabajo con diferencia que he tenido nunca. ¡Y se me da francamente bien!
:)

14 de mayo de 2012

Felicidad

Ventanas abiertas de par en par. Hace sol, calorcito, los pajaritos cantan, las nubes se levantan... Los niños del vecino han vuelto a salir al jardín y se divierten mojándose con pistolas de agua, en tu portátil suena esa carpeta de música que te encanta, y mientras un par de moscas se cuelan en tu salón trayendo la primavera con ellas.

Lees cuatro libros a la vez, y todos ellos se amontonan en la mesa, aunque tú sigues esperando a que te llegue tu última adquisición para hincarle el diente también.

La baraja de cartas comparte espacio con una bolsa de nueces y el envase vacío de un yogur. El teléfono fijo, el móvil, y una barrita de masaje con olor a mandarina y chocolate blanco acaban de llenar la mesa del salón.

¿Necesitas algo más? vale, sí, un vaso de agua bien fría, y uno de esos deliciosos batidos de frutas con leche o yogur y un poquito de miel, mmm...


Aunque, en realidad, necesitar... no necesito nada. La felicidad completa la llevo dentro ;)