4 de enero de 2013

2012

La conjunción de Júpiter y Venus, el año del Dragón... sí, esto prometía.
En este post, por suerte, no existe la crisis. Para mí 2012 ha sido el año más feliz de mi vida. El primero de todos los que vendrán después.

Enero, la antesala...

En Febrero dos lentejitas deciden anidar en mí y crecer conmigo, por dentro y por fuera.
Llega Marzo, y con él ¡la noticia! Me siento la persona más feliz del mundo...
Con Abril aprendo que ser madre implica una preocupación desde el primer minuto de vida, y contra todo pronóstico me sorprendo segura y confiada.
En Mayo, me enseñáis que ¡juntos lo podemos todo!
Junio, julio, agosto... un verano fantástico fabricando un montón de deditos minúsculos, cientos de pestañas rubias y morenas, cuatro enormes ojos azules y un sinfín de sonrisas.
Llega Septiembre, cambio vestidos fresquitos por vaqueros, no me canso de mirarme al espejo, nunca he estado mejor!
Asoma Octubre aún cálido, pero se debe de estar mejor al calorcito materno... Mis bebés vienen al mundo con la primera helada en los últimos días del mes, para convertirnos oficialmente en una familia y completar la dicha que venía gestándose durante nueve meses en mi interior.
Noviembre y diciembre sólo vienen a confirmar lo que ya sabía, que estando ellos el mundo es un lugar infinitamente mejor, que la felicidad absoluta existe. Que criar no es algo dificilísimo lleno de nervios, dudas y temores, sino una magia sencilla que va fluyendo. Lo hago bien, lo sé, porque vosotros me guiáis. Sacudís mi mundo con cada mirada y cada caricia, y a mí... a mí sólo se me ocurre amaros un poco más cada día, si es que cabe tal enormidad, y sentirme plena y dichosa hasta el infinito tan sólo por teneros a ambos, como ahora mismo, enganchados a mis emociones por un río de leche, velando vuestros sueños, vosotros, que sois el mío.

Tal vez hayan pasado más cosas en mi vida en este año, pero, lo siento, no soy capaz de recordarlas. Ellos lo llenan todo. Ellos... y él, que ha sido la pareja y el padre perfecto, desde el principio, desde siempre. No podría pedirle más. Antes de que yo desee algo, o ansíe una cualidad en él, ya lo tiene desde hace tiempo. Doy gracias cada día porque nuestros caminos discurran juntos... y porque ¡leñe! ¡qué preciosos nos salen los niños! xD.